Inti Raymi

Inti Raymi

Desde hace unos años que conozco a la cosmovisión andina. Me gusta, la entiendo y la tomé como visión propia.  Mi caminito va lento, voy aprendiendo mientras vivo, incorporo algunos conceptos y los aplico. Tuve la suerte de conocer el Norte Argentino en un viaje que hice el año pasado. En realidad conocí muy poquito en referencia a todo lo que el norte tiene para mostrarnos y enseñarnos. Me atraen mucho sus ceremonias, su amor por la Pachamama y me enojo con el pasado y lo que tuvieron que sufrir esos pueblos y lo que sufren hoy en día gracias las culturas que quieren imponernos ignorando las riquezas que tenemos.

Pero no quiero ir por un lado negativo sino más bien resaltar algo positivo. Las palabras Inti Raymi hace tiempo que me resuenan, así como otras del quechua. Estoy aprendiendo a tocar el ukelele hace un tiempo y tengo la suerte de compartir las clases con un grupo humano hermoso, entre ellos está Karin, una mujer adorable.  Ella es sikuri (creo que se dice así) y conoce de estas tradiciones.  En el chat de whatsapp el otro día surgió el tema del Inti Raymi y le pregunté cómo podría realizarlo yo en mi casa. Antes que nada voy a contar de qué se trata el Inti Raymi. Copio algunas definiciones:

“El solsticio de invierno en el Hemisferio Sur se da entre el 20 y el 24 de junio. Esta fecha única marca el comienzo de un nuevo ciclo: el año nuevo andino, o Inti Raymi, donde se celebra el nacimiento del Sol como semilla de luz y de fuego.

En el universo andino, antes, durante, y después de los Incas se celebraron festejos tanto solares, como lunares. No había un “calendario” que marcara las horas o los días, sino que se regían a través de los ciclos del Sol​ y de la Luna, sus dos grandes aliados y maestros.

Para las comunidades de los Andes milenarios, el nacimiento del Sol es el día del Inti Raymi. Cuando el Sol nace es un niño que comienza una nueva historia para que veamos su máximo esplendor en el próximo solsticio de verano.

Esta celebración es un momento muy esperado por la comunidad. Simboliza el cuidado de los sueños o semillas, camino hacia la próxima cosecha, y se lo vive como un fenómeno de protección, de esperanza y bendición para el año nuevo. Se dice que con la energía que llega el Inti Raymi se puede saber cómo vendrá el año. La sabiduría del mundo andino es hermosa e infinita.  Este tiempo es de reflexión y observación para enfocarnos en un nuevo ciclo, y alinearnos con las acciones que generamos, para lograr la cosecha que deseamos.”

Karin mi amiga me contó un poco cómo hacer el ritual, se preparan comidas, se arma un fogón y se espera toda la noche a que nazca el Sol junto con amigos, familia, música, alegría. Cuando sale el Sol, se ofrendan esas comidas o lo que uno tenga a la Pachamama poniendo en la tierra estos elementos que ella misma nos da. Agradeciéndole y pidiéndole que no falten.

Ayer a la noche llovió y estamos en cuarentena por la pandemia de coronavirus, pero hoy a la mañana no quise dejar de hacer mi primer y mini ceremonia a mi hermosa Pachamama y al Sol. Me desperté y tuve un rato de introspección y soledad, me senté al solcito y me relajé unos minutos. Preparé unas pequeñas ofrenditas y se las di a nuestra tierra. Junté semillas, legumbres, yerba, un poco de pan y unas hojitas que encontré en mi patio. Casualmente, una de esas hojitas es de un árbol de la casa de al lado que se llama Gingko biloba que tiene unas cualidades fascinantes.

Es un árbol considerado fósil viviente porque existe hace 250 millones de años y no tiene especies emparentadas  (quedó él solito).  Procedente de China, puede vivir hasta 1000 años, tiene alto poder medicinal y un dato no menor, sobrevivió a la bomba de Hiroshima. Un año después del estallido de la bomba, a una distancia cerca de un kilómetro del epicentro de la explosión un viejo Gingko destruido empezó a brotar mientras que un templo frente a él quedó destruido por completo. Para Hiroshima, es un símbolo de renacimiento y esperanza. (Fuente: Wikipedia).

Volviendo a mi ritual, consideré, después de haber visto esta información, que el Gingko aportaba algo especial a mi ofrenda. Si bien es un árbol chino, y yo siempre insisto con plantar autóctonos, el árbol ya está allí en la casa de mi vecino y hay que dejarlo vivir obviamente, como al plátano de mi vereda. Pero ya que estoy hablando de un ritual nuestro, siempre es lindo dejar la idea de plantar especies nuestras también.

¡Me fui por las ramas del Gingko!, sólo quiero cerrar este breve relato con una reflexión. Aprovechando que arranca un año nuevo, un ciclo nuevo, tengamos esperanza que todo va a mejorar. Es un pedido a la Pacha que le hago también, le agradezco el tener comida todos los días, trato de cuidarla siempre, agradezco sus aves, sus árboles, su cielo, sus nubes, su brisa. Agradezco la vida que me dio, mi familia, el amor, mis amigos que tanto se extrañan en estos momentos. Agradezco los abrazos dados, las risas, la música, la expresión, la creatividad, el arte. Le pido volver a abrazarnos y que este nuevo ciclo traiga más bondad y respeto entre los seres, mas justicia, mas equilibrio. En estos tiempos turbulentos espero que la Pachamama nos cuide y haga reflexionar a las personas que hacen daño. Que dé fuerzas a los que pelean por sus derechos, que dé comida a los pobres. Deseo esperanza, bienestar, paz, risas, salud, pero por sobre todo, con mi pequeña ofrenda pido que haya más unión y respeto entre y hacia todos los seres de este y todos los planetas.

Te amo Pacha.

PD. Hoy también es el día del padre en Argentina. Deseo tanto volver a abrazar a mi viejo… ese abrazo que me da la sensación de tanta protección. Ayer compartimos vía streaming unos cuentos de Hernán Casciari que me hicieron emocionar. Mi viejo es responsable en parte de mi amor a nuestra tierra y a la música, inculcándome desde chiquita zambas y chacareras. Compartiendo canciones de Víctor Heredia, Charly García y Alberto Cortés entre muchos otros. Dejandome disfrutar de sus melodías guitarrescas. Nos hemos emocionado hasta las lágrimas juntos escuchando canciones y eso no tiene precio. Agradecida también, del padre que tengo.

¡Te amo Pa!

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