Al azar…

Estatua en el Pucará de Tilcara, Jujuy.

Al azar elijo uno de mis textos matutinos, que no son más que reflexiones y lo primero que se me viene a la cabeza por la mañana. Esto lo hago en base a un ejercicio de “El camino del artista” de Julia Cameron, el cual ayuda a liberar a la creatividad y que salgan ideas nuevas y realmente es movilizante y ayuda mucho. También sirve anotar los sueños cuando uno se levanta. Arranco…

Escrito el 11/11/19

“Concretando proyectos”

Acá estoy, en mi parque, en primavera, con mi gato, el sol, árboles meciéndose, canto de aves, brisa, tiempo, mate, libro, cuaderno para escribir, orden de a poco en la casa nueva, macetitas de colores, reposera cómoda. Paz.

¡Cuánto tiempo deseé esto!, y de golpe, se levanta vientito y las hojas se mueven para mí. Porque yo me detengo a verlas y admirarlas. Las Mamaicunas me saludan y yo les pregunto: ¿qué está pasando en Bolivia?, ¿en Latinoamérica?, ¿porqué no llegamos a una unidad?, ¿porqué no defendemos nuestros orígenes?, ¿porqué tanta gente ignorante?, ¿porqué tanta gente maltratada y sometida?, ¿cuándo va a llegar el cambio?, ese cambio en el que haya paz y respeto por el otro.

Busco respuestas y me entristezco pensando que todo está controlado por el dinero y el poder. Que hay gente que sólo piensa en eso, como si el humano tuviera dos subespecies: una empática y compasiva y otra corrupta y depredadora.

¿Será que evolucionamos hacia otra especie pero a través de los sentimientos y no tanto ya en rasgos fenotípicos y genéticos?. Ya sé que parecen razonamientos de una mente alterada. Y si, son ideas expresadas en palabras y es así mi mente. Y me pregunto: ¿porqué está tan marcada la diferencia entre la gente?.

El ser que contempla en paz y disfruta de su alrededor y lo cuida, contra aquel que destruye todo por poder y dinero y no piensa en lo que siente el otro. Preguntas existenciales. Quizás debería ponerme a tener hijos y que la rutina me devore mi tiempo así dejaría de pensar tanto… o no.

Hoy me toca esta vida en este tiempo. Estoy agradecida a mis circunstancias. Puedo permitirme escribir, trabajar, soñar, cuidar el medio ambiente, alimentarme, estudiar y amar. Hay gente que no tiene esta posibilidad.

¿Será que se me dan estas circunstancias para que yo deje un legado?…bueno Cecilia, calmate un poco y viví.

Canta un Zorzal colorado.

Soy yo y la Pacha. Yo soy la Pacha.

Pachamama ayudanos para que reine la paz en el mundo.

Viento…

Agregado: hay días y días. Días reflexivos, días tristes, días alegres, días que pasan simplemente sin darnos cuenta. Ese día se ve que me dió por pensar en la raza humana que muchas veces me es difícil de comprender.

Quiero aclarar el término Mamaicunas, que lo saqué del libro “Plantas Sagradas” de Juan Acevedo Peinado, libro que recomiendo con todo mi corazón porque a mi me abrió un panorama grandísimo y me encantó. “Mamaicuna: (Quechua) Nombre con el que se designa a las plantas sagradas, plantas maestro o plantas de poder; también conocidas como ñustas. La dedicación al trabajo con estos seres poderosos se conoce como medicina. El médico vegetalista que trabaja con las Mamaicunas debe ponerse bajo su protección y enseñanza. Con el tiempo se genera una relación entre planta y plantero que termina configurando una entidad indisoluble. Este aprendizaje puede llevar muchos años y se trata de un diálogo directo con el espíritu viviente de las plantas sagradas. Este entrenamiento y aprendizaje se conoce como camino, el camino de las Mamaicunas. Las principales Mamaicunas son siete, conocidas como las siete ñustas de Viracocha: las Mishas, el Llanto del sacerdote, el Tupac Sayri, la mama coca, el San Pedro, la ayahuasca y las campanillas infernales. (…)”. Yo, sin ingerir ningún brevaje, lo aclaro por las dudas, tomo a las Mamaicunas como seres de protección, como abuelitas protectoras a quienes puedo pedirles desde el fondo de mi corazón cosas que siento. En el libro también se las nombra como aquellos ancestros que para sobrevivir a la cacería y al ocultamiento de sus saberes debieron transformarse en plantas, plantas sagradas que guardan en su interior todo su conocimiento. Pueden catalogarme de loca, no me importa. Creo más en estas cosas que en la iglesia católica y sus teorías. No indago para no herir susceptibilidades.

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